CAPÍTULO 12.
Capítulo 12
La luz de la mañana entró por los ventanales de la sala de juntas de la Corporación Valeriano con una agresividad que a Sofía le resultó hiriente. No había dormido más de tres horas; su cuerpo se sentía como una cáscara vacía, sostenida únicamente por la rigidez de su orgullo y el café amargo que intentaba no vomitar.
Frente a ella, la mesa de caoba parecía un campo de batalla antes de la carga final. Fernando, con una energía casi maníaca, revisaba el USB que Sofía había dejado en