CAPÍTULO 121.

Capítulo 121

Gerardo Ríos fue escoltado hacia la estación policial más cercana. A pesar de la derrota física y de la humillación de haber sido neutralizado por su propio hijo, el hombre caminaba con la cabeza erguida. Sus manos estaban esposadas a la espalda, pero no bajaba la cabeza.

Afuera, la prensa se aglomeraba contra las vallas de seguridad. El aire de la mañana era frío, pero los flashes de las cámaras lo hacían parecer un mediodía sofocante.

Gerardo vio las cámaras y, por un segundo, s
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