—Jura decir la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad —dijo el juez, su voz resonando en la sala de audiencias silenciosa.
—Lo juro —dijo Mara, su voz más firme de lo que se sentía por dentro, sus manos apretadas sobre el barandal del estrado de testigos, sintiendo el peso de docenas de ojos fijos en ella desde las bancas del público.
Buscó a Dominic entre el público con los ojos y lo encontró de inmediato, sentado en la primera fila, sus ojos fijos en ella con una intensidad silencios