—No pensé que vendrías —dijo su madre, sentada al otro lado del cristal, su voz distorsionada levemente por el teléfono de la prisión, el sonido metálico haciendo que cada palabra sonara más distante de lo que ya estaba.
Mara se sentó despacio, sintiendo el peso de años de distancia condensarse en ese pequeño espacio entre ellas, la silla de plástico fría bajo sus manos temblorosas. —Casi no vengo.
Su madre asintió, sus manos entrelazadas sobre la mesa metálica de su lado, el uniforme de la pr