ELENA
Oí el ascensor subir y no esperé a ver quién bajaba.
Cogí el portátil, el bolso, los tres folios más importantes de la mesa. Salí por las escaleras de emergencia. Siete plantas. Tacones. Los tobillos me ardían en el cuarto piso. Bajé igual.
El garaje del menos uno olía a aceite quemado y a hormigón mojado. La salida peatonal estaba donde dijo Marcos: chapa gris, pintura descascarillada, bombilla que parpadeaba.
Calle lateral. Derecha. El bar.
Me senté en la barra. El taburete crujió. El c