ELENA
El sobre está en la mesilla.
Me quedo de pie. La chaqueta de Marcos todavía en los hombros. Pesa. Huele a él y a noche sin dormir. Por la rendija de la ventana entra aire de las seis de la mañana. Frío. Me da en los tobillos. No me muevo.
Alguien entró aquí.
Mientras yo dormía con la cabeza sobre el escritorio. Mientras Marcos tecleaba o cerraba los ojos o lo que sea que hizo esas horas. Alguien giró el pomo, cruzó la moqueta, dejó el sobre y salió.
Sin tocar nada más.
Eso es lo peor.
Q