«¿Porque ese maldito bastardo me arrebata todo? ¡Su hijo debía ser mío!»
Apretando los dientes, hizo hasta lo imposible para que nada de lo que en realidad estaba sintiendo se reflejara en el exterior. Los celos y odio lo carcomían furiosamente.
El médico le dio medicamento y los vitamínicos suficientes hasta poder tomar una decisión.
Ya en el auto de regreso, Ximena recordó su última advertencia.
«Recuerde que únicamente puede esperar a una semana más, de lo contrario, el riesgo para us