El rasgueo de una guitarra cercana le provocó una sonrisa, pero, aun así, se negó a abrir los ojos. El aroma a cerezas del cabello de Abi, junto a la mezcla maderada de la loción de Alexander en la almohada que ocupaba, era todo lo que necesitaba para sentirse bendecida. Dedos pequeños sobre su rostro y una risita inconfundible hicieron que se quejara, pero su hija parecía demasiado entretenida,
Lo hizo de nuevo, esta vez abriendo sus párpados sin miramientos, logrando que se quejara por el mal