La hora de la cena llegó sin dilación. Después de que entraran tanto Fabio, como Javier y conservar la calma hasta el postre, Vania casi se echó a llorar por la mirada de compasión que recibió de sus cuñadas cuando Alexander no asistió.
Las dos parejas se pusieron de pie, dando por finalizada la velada, pero ella quería quedarse a acabar con una botella entera, sola. Casi estaba segura de que su táctica daría resultado para limar asperezas con él y así volver a ser lo que fueron antes de lo suc