Vania corría detrás de Abi por la arena, iban seguidas por el pequeño Alexander, Andrea con el bebé en sus brazos y Casandra tras todos ellos. Su hermana era la loba que debía cazarlos mientras gritaban presas de los nervios.
Él ansiaba compartir su diversión, pero con cada segundo en la que se movía la manilla del reloj, acercándose a la hora en que debía ver a su mujer partir, en busca de una apasionante despedida, se le comprimía el pecho lleno de angustia y desesperación.
—Guarda la calma,