Vania no sabía qué responder a eso. Era un insulto, maquillado como algo natural y no pudo sentirse menos que asqueada.
—¿Acaso eres su mensajero? —preguntó con acidez y un poco de decepción.
—Soy su hermano y haría cualquier cosa por él. Incluso algo como esto. No me respondas ahora, puedes pensarlo esta noche y sabremos tu decisión por la mañana. Ven, vamos a divertirnos con los demás.
—No tengo nada que pensar, Javier.
—Se lo debes —le dijo cerca del oído, mientras le rodeaba los hombros c