La carcajada de Vania lo hizo reír también, pero no estaba seguro de su estado físico, así que se removió al sentir el leve peso de su hija saltando en la cama para que Vania se ocupara de lo demás.
Vio a sus dos rubias jugando a las cosquillas, mientras bajaba hasta su regazo.
Vania le dedicó una mirada reprobatoria a su miembro tenso, pero lo cubrió con su cuerpo como si nada, mientras la chiquilla se subía sobre ella y luchaba hasta llegar a sus hombros y gritaba de nuevo:
—¡Pirámide!
Tanto