Samantha se retiró corriendo y Martina permaneció a mi lado observándome en silencio.
―No sé qué pasó, pero le pido que la disculpe, por favor. Es en muchas cosas igual a su padre― Y giró su rostro en dirección a Samantha que casa vez se hacía más pequeña con la distancia.
―¿A su padre?
―Olvídelo, regresemos a la casa. Le prepararé su desayuno.
Martina se retiró apresurada sin responderme. Ella siempre había sido así, reservada, callada; y de su pasado no solía hablar casi nada. Pero ¿qué tenía