Wendy camina en medio de los grandes y solitarios estantes, asegurándose de que todo esté en orden y sin rastro de polvo. El olor a viejo, a sabiduría, a misterio y a papel que aguarda mundos de diferentes formas la embriaga de un frenesí exquisito.
Ríe consigo misma al sentirse un ser extraño, que percibe en su piel las vibras de los libros. Simplemente los ama. Así que esas murallas de madera gigantes le parecen el portal a un mundo fascinante, y definitivamente es su lugar favorito.
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