Sus pasos sobre el suelo frío dejan huellas en la nieve, pero, por alguna razón, y pese a que sus pies están descalzos, esa gelidez no le molesta.
Cuando llega a un claro cubierto de la lluvia helada, que lo ha dejado blanco y melancólico, Wendy mira hacia una montaña, donde puede vislumbrar la figura de una mujer cubierta con ropa de piel de animal.
Tiene la necesidad de acercarse a ella y, mientras más lo hace, más lejos de la vida se siente, pero, aun así, continúa.
—¡¿Quién eres?! —grita de