Nunca te perdonaré.
Alexander.
Mi pecho estaba inflado de la felicidad, por fin podía estar con mi compañera.
Daría era todo lo que necesitaba y, al parecer, Ares lo ha ido entendiendo. Después de disfrutar de su cuerpo por un rato, rato que fue suficiente para llevarme a la gloria, llevé a Daría a casa. Ella había tenido un cambio repentino de actitud, no sabía qué lo había causado.
Pero sentí que mi corazón se estrujaba al ver en sus ojos un poco de resentimiento.
Ella bajó del coche antes de que yo pudie