Marcando territorio.
Daría.
Yo tampoco sabía cómo lo había hecho, pero se había sentido tan real. Cuando volví a mí, Alexander y yo seguíamos en la discoteca. Pero aún podía sentir la sensación que sus manos habían dejado en mi cuerpo.
—Eso fue extraordinario—me habló Atenea.
—Sí, que lo fue—le dije mientras le sonreí a Alexander.
No pasó mucho tiempo cuando este me sacó de la discoteca y me llevó en su coche lejos de todos y de todo.
Por el enlace les hablé a mis amigas y les dije que estaría bien, que Alexander m