Deseo.
Alexander.
Me había levantado muy temprano, necesitaba ejercitarme, además hoy era la celebración con los chicos que habían pasado las pruebas para ingresar a las fuerzas de la manada.
Estuve toda la mañana por fuera, cuando volví a casa, eran cerca de las cuatro de la tarde, pero al ingresar no sentí a Daría, por lo que supuse que no estaba en casa.
—¿En dónde has estado?—preguntó mi padre.
—Estaba entrenando—le dije.
—¿Por qué no reclamaste a Daría?—preguntó.
Desvié la mirada, pues sabía que