Punto de vista de Mariana
Me giro para mirarlo.
Estamos solos. La casa está en silencio. Los guardias están en sus puestos, los niños duermen. No hay razón para que él esté aquí, en este pasillo, a esta hora. Excepto yo.
"Deberías estar durmiendo", digo en voz baja.
"Tú también deberías."
Niego ligeramente con la cabeza. "Mi mente no se detiene."
Se acerca. Ya no hay espacio entre nosotros. Puedo sentir el calor de su cuerpo a través de la fina tela de su camisa. Su mano sube, sus dedos apartan