Punto de vista de Mariana
Aparqué el coche a una manzana del puerto y apagué el motor. El silencio era denso. Recorrí con la mirada la calle. Milán nunca había parecido tan tranquila, pero yo sabía que no era así. Las aceras vacías y las ventanas oscuras ocultaban el peligro a simple vista. Podía sentirlo: esa tensión que te encoge el estómago y te prepara las manos.
"¿Estás segura de esto, Mariana?", preguntó Dimitri desde el asiento del copiloto. Aún no se había movido, pero podía sentir que