Punto de vista de Mariana
Michael regresó de la escuela de mal humor.
Lo noté enseguida porque no seguía su rutina habitual. Siempre se quitaba los zapatos en la puerta, los colocaba cuidadosamente en el perchero y anunciaba su llegada. Hoy, simplemente se quedó en el gran vestíbulo, con la mochila aún al hombro, su pequeño rostro una máscara de intenso escrutinio mientras observaba la casa.
"¿Dónde están?", preguntó con voz cortante.
"Hola a ti también", dije, dejando el libro que fingía leer.