Punto de vista de Mariana
Encontré la pista de Milán a las dos de la mañana.
La casa era un sepulcro de silencio. No el apacible silencio de la noche, sino la pesada y costosa quietud de una fortaleza donde la gente dormía tras capas de seguridad y gruesas puertas de roble. Estaba sentada en la lujosa alfombra del estudio de Dimitri, con la espalda apoyada en la pata de su enorme escritorio. Mi portátil brillaba en el suelo, enchufado a la pared. Archivos impresos, manifiestos de envío y regist