Punto de vista de Mariana
No dormí.
La verdad es que no.
Cada vez que cerraba los ojos, veía a las dos chicas sentadas en el sofá de Dimitri, tranquilas y cambiadas, con su pelo rubio postizo y sus lentillas verdes sobre la mesa como la cruel prueba de que nos habían engañado.
A las cinco de la mañana, me di por vencida.
Me lavé la cara con agua fría, me hice un moño despeinado y fui directa a la pequeña y segura sala de tecnología que Dimitri me había preparado junto a su oficina.
Era una habi