El valle, cubierto por un silencio casi solemne, parecía respirar con alivio tras el enfrentamiento. Las sombras que habían surgido de las grietas ya no estaban, pero su eco seguía presente en el aire, impregnándolo con una sensación de inquietud. Poseidón permanecía de pie, erguido como una estatua imponente. Su tridente, aún resplandeciendo con energía azulada, estaba clavado en el suelo como un faro de poder y resolución.
A pocos pasos de él, Kael estaba sentado, su cuerpo exhausto y cubiert