Las ruinas de Uruk parecían un campo de batalla salido de una epopeya olvidada. El cielo estaba cubierto por nubes grises que giraban en espirales caóticas, reflejando la tensión que reinaba en la tierra. Cada trueno que resonaba en la distancia parecía sincronizarse con los gritos y el choque de armas que llenaban el aire. El olor a polvo y ozono impregnaba el ambiente, haciendo que cada respiración fuera un recordatorio de la lucha que se libraba.
Tarsus, bañado en sangre y polvo, se alzaba c