El eco del arma de Tarsus golpeando el suelo resonó en las ruinas de Uruk, como un símbolo de algo más profundo que se estaba quebrando. El guerrero, que hasta ahora había sido una fuerza imparable de furia y destrucción, se encontraba de rodillas, con las manos vacías y la mirada perdida. El sudor mezclado con sangre descendía por su frente, marcando un rostro que reflejaba cansancio y conflicto interno. Nerya, de pie frente a él, sintió un peso levantarse de su pecho, como si por fin una luz