La caverna parecía un abismo sin fin. Cada paso resonaba con un eco inquietante que multiplicaba el peso de la tensión en el aire. Aunque las sombras se habían disipado momentáneamente, una presencia opresiva seguía atenazándolos, como si el Fragmento mismo los observara con malicia.
El Orbe en las manos de Ethan vibraba erráticamente, y su tenue luz no ofrecía consuelo. Afrodita permanecía cerca de él, con los ojos constantemente evaluando su estado. Había algo distinto en Ethan desde que cruz