El amanecer derramaba tonos dorados sobre el horizonte, suavizando las sombras que se extendían como dedos sobre el terreno montañoso. Aunque el aire fresco del nuevo día debería haber sido un alivio, la atmósfera seguía cargada de una tensión pesada, un presagio de lo que aguardaba.
Ethan sostenía el Orbe con ambas manos, sintiendo cómo el artefacto pulsaba con un ritmo que parecía imitar los latidos de su propio corazón. Cada vibración llevaba consigo una sensación inquietante, como un susurr