El ascenso desde la cámara subterránea transcurrió en un silencio pesado, roto únicamente por los ecos de los pasos del grupo contra la piedra húmeda. A medida que avanzaban, el aire frío del exterior comenzó a filtrarse por el túnel, reemplazando la atmósfera opresiva del lugar con un alivio temporal. Pero la carga emocional seguía presente en cada uno de ellos, como una sombra que no podían ignorar.
Afrodita, caminando junto a Hércules, lo miraba con atención. Aunque su fuerza física parecía