La luz del Orbe se expandió en todas direcciones, envolviendo a Ethan y deteniendo a los guardianes en seco. La cámara, que momentos antes era un torbellino de caos, parecía ahora suspendida en el tiempo. La vibración del artefacto resonaba en el espacio como un eco que se infiltraba en las piedras, los símbolos y las grietas que cubrían el suelo.
Los guardianes tambalearon, sus movimientos se volvieron lentos y torpes. Uno a uno, comenzaron a desmoronarse en polvo, sus cuerpos colapsaron hasta