El polvo aún flotaba en el aire en Machu Picchu, suspendido como un eco visible de la batalla. El suelo, marcado por grietas y cicatrices de energía, vibraba con una resonancia tenue que solo los más sensibles podían percibir. Ethan, de rodillas, respiraba con dificultad mientras el resplandor del Orbe en su pecho fluctuaba, proyectando destellos dorados que iluminaban las caras exhaustas de los mestizos y los dioses a su alrededor.
Zeus fue el primero en romper el silencio. Su figura imponente