Mundo ficciónIniciar sesiónLa sangre de Julian Ashcroft todavía se sentía caliente y pegajosa en las palmas de Killian cuando los paramédicos finalmente se llevaron al arquitecto hacia la ambulancia.
El silencio que siguió a las sirenas fue pesado, roto solo por el rumor de las olas rompiendo contra los acantilados de The Cliffs. Aria observaba sus propias manos, manchadas también por el caos de la noche, mientras Killian permanecía de pie, a pocos metros, respirando con







