Una hora después, se encontraban en un piso franco de Killian, un ático minimalista en el Soho, lejos del brillo de los Hamptons.
Aria estaba sentada en el suelo, con la espalda apoyada en la cama de sábanas de seda negra, temblando. la imagen de Julian siendo sometido por la policía se repetía en bucle en su mente como una tortura.
Killian entró en la habitación con dos copas de cristal y una botella de whisky costoso, se movía con una calma que a Aria le resultó insultante.
— Bébete esto — di