El estruendo de los obturadores era un tiroteo de luz blanca que le perforaba las pupilas.
Aria sentía el sobre de Gideon contra su costado como si fuera una placa de metal incandescente.
« Asesino »
La palabra golpeaba las paredes de su cráneo con la fuerza de un mazo, sin embargo, el brazo de Killian Sterling rodeaba su cintura con una autoridad indiscutible, no era el abrazo de un prometido, era el grillete de un dueño.
— ¡El beso! ¡Un beso para la prensa, Sr. Sterling! — aulló un fotógrafo