El silencio que siguió al despertar de Serena fue más ruidoso que cualquier rugido. No había viento, no había respiración. Sólo las brasas aún humeantes del cráter, el olor a ceniza y poder... y el eco de una transformación irreversible.
Kael fue el primero en acercarse, con el cuerpo herido y el corazón encogido. Donde antes estaba su compañera, ahora había una figura más alta, más imponente, envuelta en sombras palpitantes. Su rostro aún era el de Serena, pero su mirada había cambiado: ya no r