Las Ruinas del Primer Aullido se alzaban como una herida abierta en la tierra. Rocas ennegrecidas por fuego antiguo, templos caídos, símbolos lunares rotos. El cielo parecía más bajo allí, como si los dioses mismos se hubieran encogido de vergüenza.
La caravana de Serena llegó al anochecer. Nadie habló. Todos sabían que no había regreso desde ese lugar.
Kael observó el horizonte. A lo lejos, la luna roja comenzaba a emerger. No era un augurio, era una sentencia.
—Este lugar huele a profecía —mu