El aire era más denso en Lysenar.
Los árboles centenarios se alzaban como columnas sagradas, sus copas cubriendo el cielo como una cúpula de jade. Lysenar era un bosque prohibido, un territorio sagrado que ninguna manada pisaba desde hacía generaciones. Pero el fragmento lunar reposaba ahí. Lo sabían por las visiones, por los susurros que Serena escuchaba en sus sueños desde que activó su linaje.
Kael caminaba a su lado, su cuerpo alerta, su mirada clavada en las sombras que se deslizaban entre