La madrugada se sentía distinta.
Kael dormía aún, su cuerpo cálido junto al de Serena, pero ella ya estaba despierta. Había amanecido con el eco de un nuevo temblor en el pecho, uno que no tenía origen físico, sino espiritual.
Aetheryon se movía.
Se levantó con cuidado, cubriéndose con la capa negra que aún olía a ceniza y a su piel. El aire en la torre parecía más denso, como si el tiempo mismo empezara a plegarse. Bajó los escalones de piedra en silencio, guiada no por mapas ni profecías, sino