La noche cayó sin rugidos, sin vientos, sin advertencias. Solo un silencio antiguo, casi reverente, descendió sobre Liria. Después de días de tormentas rojas, por primera vez, la luna brillaba sin sangre.
Serena observaba desde la terraza alta de la torre occidental. Había perdido la cuenta de cuántas noches había pasado allí, vigilando al cielo como si pudiera encontrar respuestas entre las estrellas. A su alrededor, el aire tenía el sabor amargo del futuro incierto.
Llevaba una capa oscura so