El bosque no los detuvo, pero tampoco los acompañó.
Cuando finalmente dejaron de correr, no fue porque encontraran un lugar seguro ni porque el peligro hubiera desaparecido, sino porque el cuerpo simplemente dejó de responder, como si incluso la voluntad tuviera un límite que no podía cruzarse sin romperse por completo. Bryan fue el primero en detenerse, no por decisión consciente, sino porque sus piernas dejaron de avanzar con la misma precisión, y al girarse, encontró a Natalia a apenas unos p