El santuario no ofrecía consuelo, solo equilibrio, y ese equilibrio exigía un precio.
No hubo discusión prolongada ni tiempo para considerar alternativas, porque todos entendían que la marca en la espalda de Eldrin no era simplemente un símbolo, sino una llamada constante que no dejaría de atraer aquello que deseaban evitar. El aire en torno al árbol ancestral se había vuelto más denso desde que la habían descubierto, como si el propio lugar reaccionara a la presencia del Heredero, reconociéndol