—Pues déjame decirte que pienso lo mismo: nunca podría serlo —Olivia arqueó una ceja—. Te gusta tanto lo barato y lo corriente…
—Entonces… ¿por qué te abriste de piernas para mí?
Aquella conversación estaba caldeando los ánimos; en cualquier momento saltaría una chispa.
—Lo siento, fue mi error —le dedicó una sonrisa fingiendo inocencia—. Estaba tan aburrida que tomé lo primero que se me puso enfrente.
Killian alzó una ceja y apretó la mandíbula.
—Realmente, no sé qué me pasó contigo —hizo una