En el instante en que el auto se dirigió a una vía intercomunal, Olivia frunció el ceño.
—¿A dónde vamos? —no pudo evitar preguntar.
—Mi casa está en las afueras de la ciudad —respondió Killian sin mirarla a la cara, puesto que estaba tecleando en su portátil.
—¿Es que tú no paras? —A ella se le escapó la pregunta y luego se tapó la boca por su indiscreción. Mágicamente, Killian dejó de hacer lo que estaba haciendo y la miró enarcando una ceja—. Lo digo porque desde que subimos al avión estás t