ALFA RHYDAN
Estaba terminando de servir la comida cuando Mila abrió los ojos despacio; su mirada todavía estaba asustada. Me acerqué con la bandeja.
—Hola, ¿cómo te sientes? —le dije.
—Mejor, gracias —respondió, con la voz temblorosa, se notaba que aun estaba asustada. La ayudé para que se sentara y le puse la bandeja frente a ella.
—Siéntate, come algo —le ofrecí—. Abre la boca.
Con cuidado llevé la cuchara a sus labios. Probó la sopa y cerró los ojos.
—Esta sopa… está deliciosa—dijo débilmente