LAURENTH
Habían pasado varios días desde el nacimiento.
El tiempo dentro de la habitación se volvió distinto, como si el mundo girara más lento solo para que pudiera mirarlo dormir.
Mi bebé.
Mi hijo.
Su respiración era el sonido más hermoso que había escuchado, y cada movimiento de sus manitas me hacía sonreír como una tonta.
Kael no se separaba de nosotros.
Si no lo conociera, diría que dormía con un ojo abierto solo para asegurarse de que respiráramos.
Lyra entraba cada mañana, descalza, con