ALFA RHYDAN
Golpearon la puerta de mi oficina con una fuerza que presagiaba tormenta. Tres betas aliados entraron, acompañados de sus hombres, con los rostros tensos y las manos cargadas de cartas.
—Alfa Rhydan —dijo uno, sin ceremonias—. Venimos a exigir respuestas.
Las cartas se apilaron sobre mi escritorio, como dagas.
Cartas de queja. De rabia. De ruptura.
Todos hablaban de lo mismo: el acuerdo que Lau había creado. La cooperación que ella, no yo, había impulsado. Diez jóvenes de cada manad