KAELAN
El portazo de Ámbar todavía resonaba en los muros, pero lo único que yo veía era a Lau.
De pie, con Lyra pegada a sus piernas, los ojos encendidos y la respiración agitada. Esa mujer… esa loba que decía no estar lista… acababa de mostrarme de qué estaba hecha.
La había visto detener a Ámbar con un gesto tan simple como brutal: atrapando su muñeca, apretando con fuerza y lanzando esas palabras que se grabaron en mi piel como fuego:
—No te atrevas a tocar a mi compañero.
Mi compañero.
Dios