El sol aún no salía, pero un rayo tenue de luz azulada se colaba por las cortinas de la habitación del hospital que se había convertido en su casa. Clara comenzaba a agitarse en la cama, su cuerpecito estaba inquieto bajo la manta estampada con patitos. Thiago, que no se había movido del sofá, se levantó de inmediato y comenzó a acariciar su espalda con ternura para que despertara.
—Shh, mi amor… —murmuró, inclinándose sobre ella con una dulzura que solo Clara conseguía despertar en él—. Papá