El camino de regreso a casa está cubierto por la nieve. Nicolás camina con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta gruesa, y Reik va a su lado, con sus patines colgando del hombro. Cada tanto, Nicolás se gira para mirarlo. La luna ilumina su cabello rubio, dándole un brillo suave.
—¿Sabes? —dice Nicolás, rompiendo el silencio—. Cuando era niño y venía al parque, siempre pensaba… “ojalá alguien me mire”. Aunque sea para decirme que era un inútil sobre el hielo.
Reik lo mira de reojo, s