El loft de Tomás era un santuario de frialdad y minimalismo. El eco de los pasos de Amanda sobre el suelo de concreto pulido parecía advertirle que cada centímetro que se adentraba en ese lugar era un error. Sin embargo, la fatiga emocional y la confusión sembrada por Leticia la tenían con la guardia baja. Se dejó caer en el sofá de cuero negro, sintiendo el frío del material contra su espalda, sin saber que acababa de entrar en su propia celda.
—Ponte cómoda, Amanda. Aquí nadie puede encontra